08-03-2006
Lugar: Club de Prensa Nacional de Japón

Discurso del Ministro de Asuntos Exteriores, Taro Aso:

El sello distintivo de la diplomacia económica de Japón


1. Razones del discurso de hoy

Durante la inauguración de la actual sesión de la Dieta, pronuncié un discurso sobre el tema de la política exterior, en la que hice una promesa al final.

En aquel momento prometí que seguiría haciendo todo lo posible por exponer los objetivos de la diplomacia de Japón y asegurar que estos objetivos se transmitieran tanto dentro como fuera del país. En mi discurso del día de hoy me gustaría cumplir con parte de aquella promesa.

Siempre he hecho hincapié, desde que empecé mi mandato como Ministro de Asuntos Exteriores, en que necesitamos preguntarnos continuamente a nosotros mismos cuál es exactamente el objetivo de la diplomacia, y, aún más, qué papel desempeña el Ministerio de Asuntos Exteriores como ministerio del gobierno.

Como ejemplo, utilizamos la Ayuda Oficial al Desarrollo (AOD) como una herramienta política fundamental. O nos esforzamos por aumentar nuestras interacciones entre personas.

Sin embargo, es crucial que no caigamos en la trampa de prestar la AOD simplemente por el hecho de prestarla, y de la misma manera, no aumentamos nuestros intercambios personales sólo por decir que lo hemos hecho. Siempre deberemos recordar la cuestión de cuál es nuestro verdadero propósito. Sin estar firmemente convencidos de esto, corremos el riesgo de confundir el fin con los medios.

En otras palabras, al final, es probable que perdamos de vista la esencia de la diplomacia, que radica en la promoción de los objetivos de Japón y en la mejora del bienestar del pueblo japonés.

La misión principal del Ministerio de Asuntos Exteriores no debe ser otra que la búsqueda decidida de esta “esencia de la diplomacia” a la que acabo de referirme.

Por consiguiente, aprovechando esta oportunidad, seguiré repitiendo ese mensaje infatigablemente, sabiendo que es importante confirmar que el pueblo japonés comparte esta interpretación. He llegado a esta conclusión tras escuchar las opiniones de los funcionarios del Ministerio. Y, puesto que voy a pronunciar un discurso, aproximadamente una vez al mes, sobre varios temas, es importante que comprendan las circunstancias que me han traído hasta aquí.

Pues bien, dado que hoy me voy a ocupar del asunto de la diplomacia económica, examinaré algunas cuestiones que verdaderamente se encuentran entre los temas más fundamentales; qué es lo que hace exactamente el Ministerio de Asuntos Exteriores, qué es lo que trata de hacer como un ministerio del gobierno, y por último, qué es el propósito de la diplomacia económica.

Hoy voy a tratar de tres temas principales.

El primero de ellos es que el Ministerio de Asuntos Exteriores establece reglas globales para la economía mundial y se asegura de que los intereses nacionales de Japón queden reflejados en ellas, un papel que está bien definido y que no puede ser desempeñado por ninguna otra entidad doméstica.

Por supuesto, las reglas nacen de conflictos de intereses. Cuando se habla de normas que se han de aplicar en todo el mundo, el proceso por el que las normas son formuladas choca forzosamente con la búsqueda de los intereses individuales de cada nación.

Enfrentándose con esta realidad, se esfuerza para formular las reglas globales promoviendo no sólo los intereses de los sectores individuales, sino los intereses generales de la nación japonesa. Y esa es, en pocas palabras, la función del Ministerio de Asuntos Exteriores.

El segundo tema es que, además de las negociaciones de la Organización Mundial de Comercio (OMC), también estamos negociando con varios países para suscribir AAEs—esto es, acuerdos de asociación económica—que completan y redoblan nuestros esfuerzos en la OMC. Teniendo esto presente, hoy quisiera confirmarles en qué consiste exactamente un AAE y cuáles son sus objetivos.

Por último, si decidimos acometer estos AAEs, entonces quisieramos acelerar el proceso de negociación. A mí personalmente no me convence el ritmo actual. A menos que aprovechemos esta oportunidad para cambiar de marcha y aumentar considerablemente el ritmo de las negociaciones, el apoyo del pueblo japonés será algo dudoso.

Hoy me ocuparé de estos temas en este orden.

2. Responsabilidades más fundamentales del Ministerio de Asuntos Exteriores

Al considerar bien la diplomacia económica que desempeña el Ministerio de Asuntos Exteriores, todo se reduce, en última instancia, a crear en todo el mundo un ambiente más amplio y favorable en el que las compañías y los ciudadanos japoneses puedan trabajar y aumentar sus beneficios con una sensación de seguridad.

Trabajamos en cooperación con otros países para crear un entorno previsible y protegido por regímenes jurídicos estables. Una vez creado, podemos afirmar que nuestro cometido se centra en el mantenimiento de ese entorno y en procurar obtener continuas mejoras que lo perfeccionen.

El papel de la OMC es ése exactamente. Si se puede hacer que la “estabilidad jurídica” y la “previsibilidad”, términos empleados por los expertos, desempeñen un papel preponderante en la economía mundial valiéndose de la OMC, todo se reduce a ser propicio a los intereses de todos, y por supuesto a los de Japón.

Por tanto, a este respecto, quizá podamos equiparar el papel del Ministerio de Asuntos Exteriores al de un abogado, en la medida en que el Ministerio representa los intereses económicos de los japoneses y de las compañías japonesas desde el mayor punto de vista, y trabaja para proporcionarles protección.

Viendo cómo actúa para controlar los distintos factores de inestabilidad a largo plazo, creo que también podemos considerar al Ministerio como una clase de proveedor de seguros. Claro está, que saco esto a colación para recordar lo que ya sabemos, que el Ministerio ha de desempeñar este papel.

Poniendo todo lo anterior como un preámbulo, quisiera, a continuación, hablarles de cuáles serían las funciones que sólo el Ministerio de Asuntos Exteriores puede llevar a cabo.

En Estados Unidos, existe una entidad del gobierno que se conoce como la Oficina del Representante Comercial de EE.UU. (USTR). De vez en cuando hay voces que piden la creación de una organización parecida en Japón. La realidad es que una organización como ésta en Japón sería totalmente superflua, y quisiera que comprendieran la razón por la que para Japón es verdaderamente innecesaria.

Todo esto nos lleva de vuelta a una cuestión esencial que tiene que ver con las funciones que otros ministerios o agencias del gobierno no pueden desempeñar y que, por consiguiente, sólo puede llevar a cabo el Ministerio de Asuntos Exteriores; y, por supuesto, ver si se dan estos casos en materia de diplomacia económica. Y entonces es cuando surge la pregunta de, si se dan, ¿cuál sería la característica esencial de esos casos?

Una de mis intenciones al dirigirme hoy a ustedes es facilitarles algunas respuestas a estas preguntas, y he planteado tres puntos que considero bastante distintivos del papel del Ministerio de Asuntos Exteriores.

El primero de ellos es que el Ministerio de Asuntos Exteriores no apoya a ningún sector industrial concreto. Puesto que el Ministerio no tiene intereses creados en ningún sector industrial específico, al Ministerio le es posible adoptar una postura neutral y buscar sólo aquello que más beneficia a los intereses del país.

El segundo es que nuestro Ministerio dispone en su seno de un grupo de especialistas jurídicos que trabajan en el que se conocía antiguamente como Departamento de Tratados, pero que ahora denominamos como Departamento de Asuntos Jurídicos Internacionales. Es necesario consignar por escrito aquellos artículos de las negociaciones económicas que hayan sido acordados ya sea bilateral o multilateralmente, y que este Departamento cuente con especialistas cuya tarea se corresponda con el área exacta de sus conocimientos profesionales.

Por tanto, si la formulación de las normas y, por consiguiente, el establecimiento de la “estabilidad jurídica” y la “previsibilidad” son la verdadera esencia de lo que constituye la diplomacia económica, es precisamente el Ministerio de Asuntos Exteriores el que cuenta con un grupo de especialistas.

La tercera característica distintiva de nuestro Ministerio es que, cuando trabajamos por alcanzar un determinado objetivo en el campo de las negociaciones económicas, generalmente es preciso emplear la estrategia de tira y afloja para lograr el objetivo dentro de un contexto de los diversos intereses de los países participantes en otras materias tales como política y de seguridad. En otras palabras, a este asunto se le ha de disponer de una vista amplia, y el Ministerio que puede hacer eso es únicamente el Ministerio de Asuntos Exteriores.

Lo he desglosado en estos tres puntos principales, lo cual le permite al Ministerio disponer de las capacidades que posibilitan, por una parte, la coordinación de los intereses entre los diversos ministerios y círculos dentro del país, y por otra parte, la ejecución de negociación con el mundo exterior representando, por así decirlo, a “todo Japón”.

Ahora, en lo que se refiere a mi papel en concreto, naturalmente, consiste en animar entre bastidores a los distintos funcionarios del Ministerio y trabajar conjuntamente; y supongo que esto podría expresarlo de otra manera diciendo que soy el superintendente general encargado de la coordinación. Huelga decir que, cuanto más desafiante se vuelve una cuestión, tanta mayor importancia tiene para el Ministro de Asuntos Exteriores desplegar habilidades siguiendo el rumbo que marque el Primer Ministro y consultar con los demás ministros del Gabinete.

Ni que decir tiene que por encima del Ministro de Asunto Exteriores y este Ministerio se sitúa el liderazgo del Primer Ministro y la Oficina del Primer Ministro. Las intenciones de Japón como nación se deciden a ese nivel, y el papel de nuestro Ministerio es asumir las responsabilidades de “aplicarlas en la práctica”, utilizando nuestras capacidades como profesionales negociadores y especialistas en materia de establecimiento de normas.

Ahora, cuando pensamos en las personas que están al otro lado de la mesa negociadora, habitualmente nos encontramos con personas de gran experiencia, que tienen una tabla mental en la que llevan anotados los puntos que ganaron o cedieron en el pasado. Creo que es lógico que nos preguntemos qué clase de personas manda la parte japonesa a esa mesa.

Lo que he descubierto es que, para Japón, si bien es cierto que el régimen de personal actual tiene muchas restricciones, es evidente que se están realizando grandes esfuerzos para incorporar al equipo verdaderos especialistas. Esto es algo a lo que, como Ministro, quiero que esté más visible a ojos del ciudadano.

Contamos, por ejemplo, con un grupo de negociadores que se ha encargado de las negociaciones económicas desde los días del GATT (nota: Acuerdo General sobre Aranceles y Comercio (AGAC) en español) y a los que se les conoce como a la “gente del GATT”, o, en japonés, el grupo “GATT-ya-san”, nombre que, por su fonética, dio lugar a otro apodo, los “Gattcha-man”, que es el nombre de un grupo de superhéroes de los cómics japoneses. Dentro de este grupo, todavía hay un buen número de personas que siguen en la primera línea de las negociaciones de la OMC y los AAEs.

El Departamento de Asuntos Económicos también cuenta con la ayuda de personas del sector privado.

Por ejemplo, nuestro Ministerio tiene siete abogados que han venido específicamente a trabajar en la promoción de los AAEs; y también contamos con un buen número de hombres y mujeres de treinta y tantos años de edad que proceden de varias compañías mercantiles y fabricantes.

La razón por la que he mencionado todo esto es que, ya nos refiramos a los veteranos de los “Gattcha-man” o a estos jóvenes temporalmente contratados del sector privado, he de admitir que no me había percatado de que estas personas estuvieran trabajando en el Ministerio hasta que llegué como Ministro, y pensé que quizá ustedes tampoco conocerían esta realidad.

3. Los AAEs de Japón son más amplios y profundos que los TLCs

A continuación, me referiré a las cuestiones relacionadas con la OMC, porque no creo que sea posible debatir la diplomacia económica sin mencionar a la OMC de una manera u otra.

Desde que el país se abrió al exterior durante la era Meiji, Japón fue incapaz de tener, durante un largo período de tiempo, plena competencia arancelaria. Incluso después de su adhesión al GATT en 1955, Japón tuvo que hacer frente a una situación discriminatoria como resultado del Artículo 38 del GATT hasta 1995.

Las negociaciones de la OMC suponen un intento de transformar esta situación en otra en la que existan normas imparciales a escala mundial, de tal forma que ningún país tenga que someterse a un régimen injusto. Por consiguiente, podemos afirmar que las negociaciones de la OMC representan el proceso de creación de un terreno de juego sobre el que se podrán formular estas normas mundiales.

Dicho esto, necesitaría otro discurso para poder debatir este tema de forma apropiada; por consiguiente, me limito a hacer hincapié en lo que quería mencionar: Japón deberá trabajar para concluir con éxito las actuales negociaciones de la OMC.

Si dejáramos que las negociaciones siguieran simplemente su curso, la integridad de todo el proceso de la OMC podría correr el riesgo de degradarse. Es evidente que existe una línea roja para cada uno de los países participantes que es innegociable. Sin embargo, ya ha llegado la hora de que Japón, EE.UU., la UE, Brasil, la India y las demás principales potencias económicas concluyan las conversaciones.

Durante las negociaciones, a ningún país le está permitido abandonar la mesa negociadora tras haber salido ganando en todos los temas de debate. Las principales potencias económicas tienen la obligación de concluir las conversaciones este año para cumplir con el plazo de las negociaciones.

Dejando las cuestiones de la OMC en ese punto, centraré ahora mi atención en asuntos de interés relacionados con los TLCs, que últimamente han sido un tema de debate bastante frecuente, y también en los AAEs, que Japón ha promovido de forma tan activa. En concreto, quisiera considerar qué es lo que los diferencia y también lo que tienen intención de alcanzar a través de ellos.

El “TLC” significa, evidentemente, “tratado de libre comercio”, mientras que el “AAE” es el acrónimo de “acuerdo de asociación económica”.

Si nos fijamos en las diferencias entre ellos, en primer lugar, los TLCs son instrumentos que se ocupan de cuestiones como la desgravación arancelaria en el sector del comercio de bienes y la eliminación de las restricciones sobre las inversiones extranjeras en el sector de los servicios. Asumida la existencia de fronteras nacionales, podemos afirmar, en ese sentido, que son un mecanismo del siglo XX.

A diferencia de éstos, en los AAEs, que Japón trata de fomentar, los países participantes en las negociaciones se atreven a adentrarse en la siguiente etapa juntos mediante, por ejemplo, la creación de acuerdos marco que permitan el desarrollo de las inversiones en un entorno seguro, o mediante la creación de un mecanismo que garantice la protección de los derechos de propiedad intelectual. Lo que sucede como resultado es la creación de una división de trabajo en el proceso de fabricación de la industria manufacturera y la intensificación del flujo de las inversiones en ambas direcciones.

Además, como podrán ustedes comprobar a través del ejemplo de facilitar el intercambio de trabajadores autorizados en determinados campos, como, por ejemplo, las enfermeras o los cuidadores personales, queda demostrado que los AAEs se basan sobre la premisa de que, desde la perspectiva de la economía, las fronteras nacionales ya no existen.

Por consiguiente, los AAEs representan oportunidades no para conversar desde una frontera a otra, sino más bien para establecer un diálogo de fondo entre países interesados para idear o mejorar sistemas económicos; y, en muchos casos, este proceso supone, incluso, prestar ayuda en la formación de los recursos humanos de la otra parte.

Lo cierto es que cuando comienzan las conversaciones de envergadura con un país en vías de desarrollo, es imposible evitar la cuestión de la ayuda relacionada con el desarrollo de los recursos humanos. Si se considera desde la perspectiva opuesta, podemos afirmar que los diálogos que pasan por alto o le restan importancia a este asunto, probablemente terminarán tan sólo arañando la superficie de las cuestiones que nos ocupan.

Sirva de ejemplo que, incluso cuando D. Saif El-Islam Qadhafi, hijo del coronel libio Qadhafi, visitó Japón, planteó las cuestiones de la insuficiente preparación de las autonomías locales de Libia. Entre otras cosas, le expliqué nuestros regímenes jurídicos y las medidas para recaudar los impuestos municipales. Esto tuvo lugar cuando yo era Ministro de Administraciones Públicas, Interior, Correos y Telecomunicaciones.

Otro ejemplo es que la Universidad Autónoma de la Ciudad de Tachikawa ofrece cursos de formación en administración pública para funcionarios de los países en vías de desarrollo. Por ejemplo, durante el ejercicio fiscal de 2003, la Universidad recibió a ocho personas de alto cargo del gobierno de Vietnam en materia de la administración local, entre los cuales se encontraba el Ministro del Interior; y a otros seis más durante el ejercicio fiscal de 2004. También llegaron a la Universidad en 2005 dos trabajadores en práctica de Palestina, donde la construcción de un nuevo régimen de gobierno es una cuestión de suma importancia.

Acabo de darles un ejemplo de verdadero intercambio de personas. Los AAEs que Japón está suscribiendo en estos momentos tienen el objetivo de fortalecer relaciones de cooperación que beneficien mutuamente a través de los contactos entre personas, y de esta manera, crear conjuntamente un mundo con mayor prosperidad. En otras palabras, los AAEs se caracterizan por su amplitud de materias y también por el calado de su calidad, un aspecto con el que los TLCs no pueden competir.

Lo raro es que a menudo oigo críticas dirigidas a Japón por estar suscribiendo los AAEs de “poca monta”. Nada se encuentra más lejos de la verdad. Si ustedes se fijan en la AAE que acabamos de suscribir con Malasia, los aranceles que afectan al 97% del total del volumen comercial van a ser eliminados. Además, los servicios, las inversiones, la propiedad intelectual, el control de las actividades anti-competencia y la mejora del ambiente de negocios están todos incluidos en este Acuerdo, y en él también se trata de la cooperación para mejorar los recursos humanos. Por tanto, este Acuerdo no puede ser considerado como de “poca monta”. Muy al contrario, el que acabamos de suscribir es un Acuerdo de “gran trascendencia”.

Déjenme añadir una cosa más llegados a este punto. Me han comentado muchas personas del mundo empresarial y de otros círculos que debemos suscribir un AAE con Estados Unidos.

Evidentemente, si la respuesta fuera tan sencilla como: “Muy bien, desde luego, lo haremos”, las cosas serían muy fáciles, pero, francamente, en todo el gobierno no tenemos una respuesta definida, incluido el Ministerio de Asuntos Exteriores; ni siquiera yo mismo, he de reconocerlo. Actualmente, no puedo afirmar con confianza si la respuesta apropiada a esta petición debiera ser un sí o un no.

Creo que es un tanto insólito que un Ministro tenga que salir a explicar que le falta confianza con respecto a determinado asunto, pero esta es la verdadera situación en la que me encuentro.

Si decidiéramos llevarlo a cabo, lo que sí sabemos es que tendría que ser un AAE completamente diferente de todos los que hemos suscrito hasta la fecha. El calado de la relación económica existente entre Japón y Estados Unidos está a un nivel desmesurado; y como nuestras economías suponen aproximadamente el 40% de la economía mundial, nuestro AAE con EE.UU. tendría una enorme repercusión.

Como mínimo, no deberíamos dejar de pensar sobre esta cuestión. Puedo prometerles a ustedes esta misma noche que alentaré a los funcionarios del Ministerio, para que continúen preocupándose por este asunto y yo mismo seguiré considerándolo con detenimiento.

4. Los AAEs como estrategia para ampliar el número de socios

Dentro de Asia, Japón tiene actualmente un AAE en vigor con Singapur y ha suscrito otro con Malasia, y las negociaciones están virtualmente muy próximas a su conclusión en el caso de Tailandia. Además de éstas, ya hemos empezado las conversaciones con Indonesia y con la ASEAN en su conjunto, y estamos a punto de comenzar las negociaciones con Vietnam y con Brunei en un futuro cercano. En el continente americano, ya hemos asistido a la entrada en vigor de nuestro AAE con México, y el mes pasado comenzamos las negociaciones con Chile.

El establecimiento de las normas implica naturalmente compartir valores equivalentes; por consiguiente, si tuviera que darles mi valoración de lo que Japón está haciendo actualmente, tendría que decir que está intentando ampliar la red de socios que comparten valores comunes dentro y fuera de Asia, teniendo presente el concepto de los intereses nacionales.

Al considerar la cuestión de con qué países comenzaremos las negociaciones para suscribir AAEs, me gustaría llamarles la atención sobre la Política de Base (la Política de Base para impulsar Acuerdos de Asociación Económica) que fue ideada por el Gobierno de Japón en diciembre de 2004.

Los criterios para identificar a aquellos países y regiones con los que se podrán negociar los AAEs aparecen especificados en un anexo al texto principal, y dentro de esos criterios hay cinco puntos enumerados como la base de la toma de decisiones, para garantizar la consecución del conjunto de los intereses de Japón.

El primero de ellos es si servirá para aumentar el comercio y las inversiones, y si mejorará el ambiente de negocios de las compañías japonesas que desarrollan su actividad en el país asociado. El segundo es si será o no indispensable para eliminar los inconvenientes económicos ocasionados por la ausencia de un AAE.

El punto tercero considera si contribuirá o no a estabilizar las importaciones de recursos y alimentos. El cuarto punto es si servirá para impulsar las reformas estructurales en Japón; y el quinto y último es si contribuirá a incrementar la aceptación de los trabajadores profesionales y técnicos.

Además de estos cinco puntos hay otras cuestiones que entran en el proceso de consideración, como, por ejemplo, si sirven para impulsar la creación de un entorno internacional beneficioso para Japón, o si las condiciones internas del país asociado hacen apropiada la suscripción de un AAE, entre otras cuestiones.

Como estoy seguro de que ustedes se darán cuenta tras esta explicación, podemos afirmar que los AAEs suscritos de esta manera derivan en la creación de socios verdaderos, forjados uno por uno, unidos a Japón mediante estrechos lazos que son el resultado de las negociaciones. La forja de estas asociaciones constituye la verdadera esencia de un AAE.

La realidad es, obviamente, que un AAE no es algo que a lo que se llega con facilidad. El acuerdo en sus últimas etapas es un documento de muchos centímetros de grosor, y cuando le expliqué todo eso al Primer Ministro Koizumi, su respuesta inmediata fue: “¡Increíble!”

Emprenden conjuntamente una tarea ardua, que es lo que lleva a forjar los lazos de amistad. Ésta es una verdad que se ha heredado del pasado en todos y cada uno de los rincones del mundo, y ahora podemos verla representada en las negociaciones de los AAEs, que necesitan del empeño de un enorme número de personas durante un largo período de tiempo.

Pero desde luego es mucho más que eso. Como ya he mencionado antes, las negociaciones de los AAEs llevan consigo, a menudo, importante trasferencia de parte de Japón que cuenta con una economía avanzada a los países en vías de desarrollo, de tecnología y conocimiento en materia de establecimiento de régimen.

Por consiguiente, y resumiendo, sólo cuando nuestros países socios se alegren de haber suscrito un AAE con Japón y se den cuenta de los distintos tipos de ventajas que les va a reportar, podremos decir que hemos forjado una asociación “en la que todos saldremos ganando” y en la que cada una de las partes ayuda y es ayudada por la otra.

El que los países socios que han llegado a hacer uso de estas ventajas se hallen concentrados dentro de los países que forman la ASEAN no es, a mi entender, pura coincidencia. Tengo aquí conmigo las cifras que representan las inversiones directas realizadas por Japón, China y Corea del Sur en los países de la ASEAN entre 1995 y 2003; y según éstas, la cantidad de capital invertido directamente en la ASEAN por Japón fue 44 veces mayor que la cantidad asumida por China y 11 veces mayor que la cantidad invertida por Corea del Sur.

Incluso sin necesidad de citar ejemplos como el de la décima parte de la energía eléctrica tailandesa, que es suministrada gracias a la AOD de Japón, Japón ha desempeñado un papel importante a la hora de mejorar las infraestructuras en los países de la ASEAN. Japón y la ASEAN comparten una relación de gran dependencia y confianza mutuas.

Un AAE es algo que consolida dichas relaciones a través de ese documento que tiene bastantes centímetros de grosor. Quizá no exageremos demasiado al afirmar que no hay ninguna otra forma más eficaz de forjar una asociación.

Como ya he mencionado anteriormente, el actual proceso de negociaciones con el país socio pertenece al coto de los “Gattcha-man” del Ministerio, pero quiero afirmar que ellos no sólo buscan los intereses materiales del pueblo japonés o de las empresas japonesas. Al crear este tipo de asociaciones con Asia y el resto del mundo, país por país, forjando lazos de gran dependencia mutua, están desempeñando un trabajo que verdaderamente es la quintaesencia del trabajo de los diplomáticos.

5. La aceleración del proceso es una tarea urgente

Antes de cerrar mis observaciones del día de hoy, quisiera mencionar como último apartado de mi discurso que, aunque sería contraproducente precipitarse durante todo el proceso de los AAEs, es fundamental que aceleremos este proceso.

Como ya he mencionado al principio, no estoy satisfecho con el ritmo al que se han firmado los AAEs hasta la fecha. Al mismo tiempo, al enterarme de lo enorme que resulta la tarea de preparar un AAE, resulta también evidente que duplicar o triplicar el ritmo de las negociaciones para acelerar este proceso ni siquiera es algo que pueda plantearse.

Teniendo esto bien presente, quisiera proponerles tres formas de acelerar este proceso.

La primera es que, dado que hemos atesorado hasta el momento una gran cantidad de experiencia en varias negociaciones, desde el primer momento, podemos mostrarles a nuestros países socios un ejemplo de cómo va a ser el producto final, y podremos entonces empezar a formular el nuevo AAE teniendo ese modelo como referencia. Esto es lo que estamos intentando con países como Vietnam, Brunei y la India.

La segunda forma es que, dependiendo del país, podremos escoger no emprender negociaciones en todos los campos de los AAEs, y optar por centrarnos únicamente en las materias relacionadas con los TLCs, o suscribir un acuerdo de inversiones como precursor, o utilizar otros medios que favorezcan a nuestros objetivos. Es decir, podemos comprometernos escogiendo cualquiera de entre diversas modalidades.

Por último, podremos negociar directamente sin tener que perder tiempo con todos los preparativos previos a las negociaciones. Hasta ahora, hemos entrado en negociaciones con los países socios sólo después de haber completado un estudio con expertos académicos del sector privado y otras personas por el estilo. Sin embargo, en el caso de las negociaciones que estamos a punto de comenzar con El Consejo de Cooperación del Golfo (el CCG), pasaremos intencionalmente por alto ese paso preliminar.

Creo que estaría de más decir que los seis estados del Golfo Pérsico de la península arábiga que integran el GCC son socios de muchísimo valor para Japón en materia de política de seguridad energética, en la medida en que el 75% del petróleo y más del 23% del gas natural que Japón necesita depende de sus naciones miembros. Al haber sido el GCC el que se ha dirigido a Japón entusiasmado con el deseo de firmar un TLC, hemos decidido pasar directamente a las negociaciones, con la esperanza de cerrar el acuerdo en una fecha lo más temprana posible.

Con todo, sea cual sea el caso en el que nos fijemos, no podemos permitirnos actuar de forma pausada. Como ustedes recordarán, ya he mencionado al comienzo de este discurso una definición de lo que constituye la diplomacia económica, en la que afirmé que los AAEs se emprenden para promover los intereses de Japón. Japón está tratando de hacer frente a la realidad rápidamente cambiante de la economía mundial mediante el establecimiento de normas. Quisiera concluir aquí mis observaciones con una promesa; a saber: Yo, como Ministro de Asuntos Exteriores, haré todo lo que esté en mi mano para acelerar el proceso de los AAEs.

Gracias por la amable atención que me han dispensado durante esta tarde.

 

Embajada del Japón, Torre La Sabana, Piso 10, San José, COSTA RICA
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