La historia de la religión en Japón significa un largo proceso de influencias
recíprocas entre las tradiciones religiosas. A diferencia de Europa, donde el
cristianismo desplazó las tradiciones paganas locales, la religión nativa,
el shintoismo, ha seguido siendo parte de la vida del pueblo, desde los primeros
días en los que se organizó el Estado japonés hasta los tiempos modernos.
Cuando entró el budismo en Japón en el siglo VI, las creencias del shintoismo
y del budismo empezaron a interactuar. Ésta es la principal característica que
define la religión japonesa. El ejemplo más evidente de esta interacción
es la teoría de honji suijaku, en la cual los Shinto kami eran
vistos como encarnaciones de las deidades budistas.
El confucianismo y el taoísmo son otras dos "importaciones" religiosas que durante
un periodo de más de mil años han desempeñado papeles importantes en
la sociedad japonesa. Los preceptos confucianos tuvieron una importancia mayúscula
en la filosofía ética y política japonesa durante el periodo formativo del
Estado japonés (siglos VI a IX), y nuevamente durante el periodo Edo (1600-1868).
La influencia del taoísmo religioso en Japón es aun más difícil de rastrear,
aunque ella puede percibirse en el uso del calendario chino y en las creencias
populares, como las concernientes a la adivinación de la suerte y los auspicios
propiciatorios.
- Sintoismo
- La palabra shintoismo (Shinto), que suele traducirse como "la vía de
los dioses" y se escribe con dos caracteres chinos. El primero, que se pronuncia
kami cuando esta solo, significa "dios", "deidad" o "poder divino"; el
segundo carácter significa "camino" o "senda".
Con la introducción del sistema de cultivo de arrozales, durante el periodo
Yayoi (300 a.C -300 d.C.), comenzaron a desarrollarse los rituales agrícolas
y los festivales que luego se convirtieron en parte del shintoismo.
A pesar de que la palabra kami puede utilizarse para referirse a un
solo dios, también se emplea como término colectivo para la miríada
de dioses que han sido objeto central de culto desde tiempos tan remotos como
el periodo Yayoi. Los kami son parte de todos los aspectos de la vida
y se manifiestan en varias formas. Están los kami de la naturaleza,
que residen en las piedras sagradas, árboles, montañas y otros fenómenos
naturales. Hay kami para los clanes, llamados ujigami, que originalmente
eran las deidades tutelares de los clanes específicos, a menudo el ancestro
deificado del clan. Esta el ta no kami, o dios de los arrozales, quien
es venerado en las plantaciones de arroz y en los festivales de cosecha. Y
también los ikigami, son deidades vivientes. Los kami que más
se asemejan a dioses, en el sentido occidental, son las divinidades celestiales
que residen en el Takamagahara (Alta Planicie Celeste) y que están encabezadas
por Amaterasu Omikami, la diosa venerada en el santuario de Ise, el más
importante venerado por el sintoísmo.
En parte como respuesta a la llegada en el siglo VI de las doctrinas budistas
altamente estructuradas, las creencias nativas, arraigadas aunque desorganizadas
hasta entonces, empezaron a ser sistematizadas por el shintoismo. El deseo
de darle legitimidad al linaje imperial para que estuviera basado en cimientos
mitológicos y religiosos firmes, condujo a la compilación del Kojiki
(Registro de cuestiones antiguas) y del Nihon Shoki (Crónicas del Japón),
en 712 y 720 respectivamente. Al remontar la línea imperial hasta la época
mítica de los dioses, estos libros cuentan la manera como los kami
Izanagi e Izanami crearon las islas japonesas y los dioses centrales Amaterasu
Omikami (diosa del sol), Tsukuyomi no Mikoto (dios de la luna), y Susanoo
no Mikoto (dios de las tormentas). Se dice que el tataranieto de Amaterasu
Omikami fue el emperador Jimmu, el legendario primer soberano de Japón.
La ausencia de escrituras sagradas oficiales en el shintoismo refleja la falta
de mandamientos morales de la religión. En su lugar, el shintoismo destaca
la pureza ritual y la limpieza de los asuntos de una persona con los kami.
- Budismo
- Originado en India alrededor del siglo V a.C., el budismo se difundió
en China durante los siglos II y III de nuestra era, y finalmente llegó
a Japón, vía Corea, a mediados del siglo VI, cuando el rey de Paekche
envió una estatua de Buda y copias de sutras al emperador japonés. El
budismo se extendió rápidamente en las clases superiores, después que
la influyente familia Soga aplastara las facciones anti budistas. El príncipe
Shotoku (574-622), quien dio su apoyo imperial a la construcción de los
principales templos como Horyuji (en la actual prefectura de Nara), es considerado
como el verdadero fundador del budismo en Japón.
Aunque el Emperador Shomu (701-756) adoptó el budismo como religión oficial
de Estado y construyó el templo Todaiji en Nara, así como la estatua gigante
de Buda que ahí se venera, la coexistencia del budismo y sintoísmo continuó.
Las seis sectas Nara, que dominaron el budismo de esa época y fueron responsables
de llevar a cabo rituales para promover el bienestar nacional, eran sobre
todo académicas en esencia y tuvieron poca influencia en la población
general. A principios del periodo Heian (794-1185), la secta Tendai fue introducida
a Japón por el sacerdote Saicho (767-822), mientras que la secta Shingon
entró por influencia de Kukai (774-835), conocido también como Kobo Daishi.
Estas dos vertientes esotéricas se convirtieron en las sectas budistas más
importantes de la corte imperial.
Durante el periodo Kamakura (1185-1333), ocurrieron dos grandes acontecimientos
en el budismo japonés. Por una parte, se creó la escuela zen, por iniciativa
de Eisai (1141-1215), fundador de la secta Rinzai que luego modificó Dogen
(1200-1253), fundador a su vez de la secta Soto. El zen encontró una receptiva
audiencia en la elite guerrera de ese entonces, en virtud de su carácter
directo y del énfasis en la auto disciplina y meditación. La práctica
zen utiliza la meditación sentada, llamada zazen, así como acertijos
irracionales llamados koan, como medios para lograr la iluminación (satori).
La diferencia principal entre las dos sectas es que el zen Rinzai da mucha
más importancia a la práctica del koan que el zen Soto.
El otro acontecimiento importante fue el rápido crecimiento de las sectas
budistas populares entre la gente común. Éstas incluían las sectas
de la Tierra Pura, que enseñaban que el canto del nombre de Buda Amida
es la mejor manera de lograr el renacimiento en el Paraíso Occidental de
Amida, además de la secta Nichiren, la cual destacaba el canto del título
del Sutra Loto. En el periodo Edo (1600-1868), el shogunato Tokugawa pidió
que toda persona estuviera afiliada a un templo budista, como parte de su
esfuerzo por controlar a la población y para erradicar el cristianismo.
Esto aseguró una gran base de seguidores del templo, aunque no contribuyó
al budismo como una religión viva. A principios del periodo Meiji (1868-1912),
el sistema se colapsó originando una oleada de sentimientos anti budistas,
alentados por el deseo del gobierno de eliminar la influencia budista de los
santuarios sintoístas, al mismo tiempo que se intentaba hacer del sintoísmo
la religión de Estado. Como respuesta a este hecho y debido al cambiante
entorno social del siglo XX, el budismo ha estado luchando por definir su
papel en el Japón moderno.
- Cristianismo
- El cristianismo en Japón puede dividirse claramente en tres periodos:
el encuentro inicial con el cristianismo, al comenzar la mitad del siglo XVI;
la reintroducción del cristianismo, después de más de 200 años de
aislamiento nacional que terminó a mediados del siglo XIX, y el periodo
posterior a la Segunda Guerra Mundial.
- Introducción y Persecución
- El misionero jesuita Francisco Javier llegó a Kagoshima en agosto de
1549. Las actividades de los misioneros jesuitas estuvieron centradas en Kyushu,
la parte más al sur de las cuatro islas principales de Japón; hacia 1579,
seis daimyo (señores militares regionales) se convirtieron al cristianismo
y el número de cristianos en el país llegó a alrededor de 100.000.
Los esfuerzos de los jesuitas fueron vistos con benevolencia por el líder
militar Oda Nobunaga, y también por el señor Toyotomi Hideyoshi, al menos
en un principio. Sin embargo, quizá como reacción a su creciente influencia
en Kyushu, Hideyoshi se revolvió después contra los cristianos e hizo
que crucificaran a 26 en Nagasaki, en 1597. Asimismo, una vez que se convirtió
en el regidor de facto de Japón, en 1600, Tokugawa Ieyasu toleró
la actividad misionera, pero en 1614, el gobierno Tokugawa proscribió el
cristianismo y expulsó del país a los misioneros. En ese momento había
más de 300.000 japoneses cristianos. Se estima que alrededor de 3.000 fueron
ejecutados y un gran número renunció a su fe como resultado de la
persecución. Muchos otros disfrazaron sus creencias y continuaron practicando
el cristianismo en la clandestinidad.
- Resurgimiento
- Después de que Japón abandonara su política de aislamiento, los misioneros
extranjeros regresaron en 1859 al país, aunque hasta 1873 no pudieron realizar
sus actividades de evangelización abiertamente. Durante este periodo, volvieron
a mostrarse los más de 30.000 cristianos "escondidos", que pertenecían
a aquellos grupos que habían mantenido su culto en la clandestinidad durante
los más de 200 años de persecución.
Tanto los misioneros católicos como los protestantes se mantuvieron activos
durante este tiempo y, aunque el número de conversos era relativamente
pequeño, los cristianos fueron muy influyentes en la educación y en el
movimiento del sindicato de comercio. El creciente nacionalismo y la promoción
de las visitas a los santuarios sintoístas como un deber patriótico, provocaron
que la década de los años treinta fuera un momento difícil para los
cristianos.
- Periodo posterior a la Segunda Guerra Mundial
- La actividad cristiana en el periodo inmediato de la posguerra contó
con el apoyo de las autoridades de Ocupación, aunque sólo se consiguieron
pequeños avances. En 1996, los cristianos, que para entonces sumaban 3.170.000,
constituían menos del 2,5 por ciento de la población.
A pesar de la creciente popularidad de las bodas cristianas, el cristianismo
como religión es considerado por muchos japoneses como algo ajeno. En tanto
el conocimiento del cristianismo y el interés por el mismo han aumentado
en años recientes, la gente no desconoce por completo esa religión. Esta
familiaridad, sin embargo, no se ha traducido en un gran incremento del número
de creyentes. Una posible razón es que el énfasis en la creencia exclusiva
en el dios cristiano requiere un fuerte compromiso para rechazar el politeísmo
más relajado del sintoísmo y del budismo japonés.
- La religión en Japón en la actualidad
- La corriente principal Sintoista y el budismo
La urbanización ha provocado que muchos japoneses tengan que romper sus
vínculos familiares con un templo budista o sintoísta específico. Aun
así, muchos japoneses se consideran budistas y sintoístas. Estadísticas
de la Agencia de Asuntos Culturales para 1996 mostraron que la filiación
combinada de ambas religiones era aproximadamente de 194.000.000, lo cual
representa aproximadamente un 54 por ciento más que el número de
la población total de Japón. En el sentimiento religioso de la mayor parte
de japoneses, el sintoísmo y el budismo coexisten pacíficamente. Para
la persona común, sin embargo, la afiliación religiosa no se traduce
en el culto o asistencia regular. La mayoría de las personas visita los
santuarios y templos como parte de las celebraciones anuales y de los rituales
especiales que marcan el paso de un ciclo de vida a otro.
Estas celebraciones anuales incluyen las festividades dedicadas a los santuarios
y templos, la primera visita a los mismos con ocasión del año nuevo (hatsumode),
así como la visita a las tumbas familiares durante la Fiesta de Bon. Los
rituales que conmemoran las etapas en la vida de los individuos comprenden,
por ejemplo, la primera visita de los recién nacidos al santuario (miyamairi),
la festividad de Shichi-go-san, que es la visita al santuario de los niños
de tres a cinco años y de las niñas de tres a siete años, las ceremonias
nupciales y el funeral budista.
- Nuevas religiones
- El desarrollo más conspicuo de la religión en Japón en el siglo
XX fue la difusión de una serie de nuevas religiones. Las enseñanzas
de estas religiones se basan en una amplia serie tradiciones previas, que
incluyen aspectos de sintoísmo, budismo, confucianismo, taoísmo, creencias
populares y chamanismo. Los fundadores de las nuevas religiones suelen reverenciarse
como deidades vivientes (ikigami).
Uno de los atractivos de estas religiones novísimas es el sentido de comunidad
que transmiten a las personas carentes del apoyo mental y espiritual que históricamente
proporcionaban la familia extensa, la comunidad local o las religiones tradicionales.
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